Un día se me acusó de comerme unas gallinas!... yo no pude explicar por qué tenía en el bolsillo unas plumas.
Evidencia circunstancial. Algunas eran de gallina.
- ¡Sos un perro malo y no te quiero más en mi vida!
Fuego en sus ojos y en mi garganta.
Fuego que la lluvia no apaga
jueves, 24 de marzo de 2011
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